viernes, 30 de septiembre de 2016

UN JUEVES CUALQUIERA

Es un jueves normal, con la agenda llena, más si cabe tras haber tenido que cerrar el día de antes por reunión de última hora.
Empieza la mañana de forma complicada, porque ese día cambia la ubicación de la consulta, y los pacientes están un poco perdidos.
Atiendo a paciente con cuadro de crujidos en tobillo y acné refractario a tratamiento. Después a otra paciente con lumbalgia tras problema en los primeros meses de vida a nivel de vértebras lumbares; su madre, que no es paciente mía tiene mala cara y le pregunto y me dice que lleva una semana con fiebre y dolor lumbar, pero que tiene su médico esa tarde. Le pido prueba de orina y le digo que suba cuando la tenga.
Sigue la mañana entre revisiones de abscesos cerebrales con afectación de quiasma, GEAs e infecciones respiratorias.
Entra en la consulta A. que está en plena fase de duelo a contarme que ya come algo tras varias semanas. Sus hijos viven y trabajan en otras comunidades autónomas y está sola aquí. Me cuenta que sus hermanos solo la han llamado una vez tras el fallecimiento de su marido (hace ya 3 meses) y que intenta salir con amigos lo que puede, pero que cuando sale sola vuelve a casa peor porque no sabe donde ir sola. Hoy llora bastante menos, pero aún así no puede evitar llorar en la consulta.
Vuelve la madre de mi paciente con una orina patológica y tras la exploración, sugerente de pielonefritis.
Entra R. y me cuenta que esta con vómitos y diarrea desde hace una semana tras el suicidio de un familiar, sin antecedentes de patología que hiciera sospechar nada. La exploración es normal.
Llaman desde el control para pasarme varias llamadas (hoy me he cambiado de consulta) que incluyen partes de IT, renovación de recetas, GEA en joven y agitación y disnea en paciente con 93 años de edad con antecedentes de traumatismo lumbar con fractura hace 5 días. Soluciono lo administrativo, doy recomendaciones para GEA y quedo en ir a la casa a ver a paciente de 93 años.
Continuo viendo pacientes con infecciones respiratorias, ojo rojo tras intervención de cataratas, control del embarazo normal...
Voy a casa de la paciente de 93 años y me siento en la cama donde descansa. Me coge la mano y la aprieta muy fuerte y no la suelta. Siento la responsabilidad de no fallarle y tras la exploración decido mandarla al hospital para que valoren allí por su situación clínica. Ella me dice que si he decido mandarla es porque es lo mejor para ella.
Vuelvo al centro y participo en una sesiono magnifica de un compañero sobre los bloqueos de rama derecha.
Acaba el jueves y me siento afortunado por ser MÉDICO DE FAMILIA, MÉDICO DE PERSONAS.

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