lunes, 18 de abril de 2011

¿Está preparado el sistema sanitario para el "Paciente Empoderado"?

Después de una semana complicada, encuentro un poco de tiempo para escribir una reflexión que llevo varios días madurando.
Hace unos días acudío a la consulta un paciente solicitando, justo el día que terminaba las sesiones de rehabilitación, más rehabilitación porque consideraba que necesitaba más, en contra del criterio de los fisioterapéutas. La semana anterior otro paciente vino a la consulta para solicitar tiras de glucemia a pesar de que no era diabético, pero que quería hacerse un control de glucemia capilar cada 4 días en su domicilio.
Son dos casos igual extremos pero es un botón de muestra de que el paciente, en ocasiones, lo quiere todo y si puede ser un poco más, aún mejor.
Posteriormente ley en un magnífico post en el Blog de Miguel Ángel Máñez "Salud con cosas", que hablaba de la llamada desinversión basada en la evidencia, que defiende la política de dejar de financiar lo que es ineficiente.
Al leer el post pensé en estos pacientes y como a ellos les daba igual que fuera o no eficiente lo que planteaban. Lo importante era su exigencia y si de ellos dependiera se financiarían tiras reactivas de glucemia para todo el mundo y rehabilitación indefinida para cualquiere persona mayor de 60 años.
Soy un firme defensor de el modelo de relación médico paciente participativo en el que el paciente debe asumir una parte de la responsabilidad en la toma de decisiones que afectan a su salud o su enfermedad, y así se lo transmito a los residentes que están conmigo, pero todo tiene que tener un límite.
No creo que estemos, en esta sociedad española acostumbrada al todo gratis, preparados para asumir que el paciente participe activamente en la toma de decisiones importantes que afecten a los sistemas sanitarios: todos los paciente querrían un médico a tiempo completo, un endocrino de guardia para cada diabético, un cardiologo para cada cardiópata y un ginecólogo para cada mujer.
Por desgracia, necesitamos antes de esto un trabajo previo: convencer a todo el mundo que la sanidad cuesta mucho dinero y que si no se gestiona de forma eficiente desembocaremos en un sistema sanitario en el que quien tenga poder económico tendrá acceso a una sanidad y quien no lo tenga se tendrá que conformar con una sanidad de beneficencia.

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